Virgen de Luján. Su retiro del Concejo Deliberante

Carta del Obispo Poli

viernes, 18 de septiembre de 2009

Señor Vice Intendente
Dr. José Di Liscia
Y miembros del Honorable
Concejo Deliberante de la
Ciudad de Santa Rosa, La Pampa.

Con mi mayor respeto por las instituciones democráticas que Ud. preside, a las que adhiero como argentino y desde hace un año, como vecino de esta ciudad de Santa Rosa.

Me dirijo a ese Honorable Concejo Deliberante para elevar mi inquietud como obispo diocesano.

Es conocido por todos el hecho acontecido hace ya varios días, de que la Imagen de la Virgen de Luján, que en silencio ocupaba una ermita en la entrada del Concejo Deliberante de nuestra ciudad de Santa Rosa fue retirada de su lugar, por iniciativa de quien preside ese Honorable recinto. Hoy, por lo visto, cuenta con la aprobación de la mayoría de los ediles de ese Concejo. Puede ser considerado un hecho entre tantos.... No obstante si fuese irrelevante la noticia mediática, el más fuerte de los medios de comunicación -el popular, boca a boca-, sospecha que tiene aristas de intolerancia religiosa y, por lo tanto, de insospechables consecuencias para la vida en convivencia de los pampeanos que compartimos el espacio ciudadano.

Quienes alguna vez decidieron recibir a la Virgen de Luján en ese Honorable Concejo, seguramente con los disensos propios de una saludable práctica democrática, asumían con ese gesto de grandeza, una imagen muy querida por el pueblo pampeano, al menos en su gran mayoría. No por nada los colores de su manto y su rostro moreno y mestizo son signos de una profunda síntesis religiosa, cultural e histórica, entre la fe en Dios y la Nación fraterna que deseamos construir. Durante muchos años permaneció la Madre de Dios como testigo discreta, ante debates y búsquedas de soluciones, y estoy firme en creer que intercedió ante Dios para que las ideas dispares comulguen en la verdad al servicio del bien común, porque ante todo Ella es la Madre del que “pasó haciendo el bien”. Ella es el refugio de los más vulnerables y lejos de pensar que fue una mujer remisa, se la reconoce en los Evangelios como la servidora del Señor, que “elevó a los humildes y despidió a los poderosos con la manos vacías”.(San Lucas, 1,53)

He leído atentamente el diario de sesiones y los argumentos que algunos representantes del pueblo expusieron para apoyar la decisión de retirar la imagen. Es evidente que todos tienen un principio rector, aunque con matices, basado en la separación de la Iglesia y del Estado, y ese principio me parece incuestionable, pues con el Concilio me declaro a favor de la identidad y autonomía de las realidades temporales, cuanto más de las autoridades legítima y democráticamente elegidos por el pueblo soberano (cfr. Gaudium et Spes y Centesimus Annus de Juan Pablo II). Es por eso que estoy lejos de pensar que esta decisión haya sido inspirada por una irracional conducta iconoclasta. Al menos no me consta.

No obstante quisiera hacer un humilde aporte sobre quién es y qué significa la imagen tan cara a nuestra fe. La Virgen de Luján, en la ciudad que le reconoce su origen y lleva su nombre, preside el Santuario Nacional de la Fe, hace casi 380 años. El pueblo sencillo sabe que no estuvo ajena al derrotero de nuestra historia patria, sino que dispensó su asistencia y ternura, sobre todo en los momentos más aciagos y difíciles de su gestación y defensa de su soberanía. Basta recordar que nuestros próceres Belgrano y San Martín, ante su bendito icono rindieron honores y confiaron sus ejércitos y objetivos por la independencia de la Nación y de la Patria Grande, como así también nuestros héroes de Malvinas encontraron en el manto de la Virgen, valentía y coraje en esa patriada que todavía nos duele. Nadie está obligado a creer en su milagrosa presencia, pero del mismo modo reclamamos el legítimo derecho que la Virgen se ganó en la historia de los argentinos. Entre tantas raíces culturales de nuestro acervo, ésta es una raíz profunda.

Estoy convencido que sobran motivos para que la bella imagen de Nuestra Señora de Luján esté presente en los lugares públicos, acaso para que una simple mirada nos recuerde a los argentinos que somos una Patria de hermanos.

Soy quien preside la comunidad de la Iglesia católica en La Pampa y solicito a ese Honorable Concejo que, si la imagen no vuelve al lugar que ocupó los últimos 20 años, se me permita retirarla solemnemente, como Ella se merece, pues tengo entendido que así se la entronizó, ante la presencia y devoción de muchos empleados y obreros de ese municipio.

Cordialmente

Mario Aurelio Poli
Obispo de Santa Rosa, La Pampa

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